viernes, 7 de noviembre de 2014

Graduación celeste

Crónica de la victoria del conjunto celeste sobre la Universidad San Martín.


Hace más de cinco años Juan Carlos Oblitas hizo debutar a Yoshimar Yotún en Sporting Cristal, lo colocó en la posición de lateral por izquierda. Poco a poco fue agarrando continuidad y a la vez sumaba en la bolsa de minutos que recién se había implementado en el torneo local. Sin embargo, Yotún cuando jugaba en las divisiones menores de diferentes clubes, incluido Cristal, siempre fue volante por la izquierda, pasaba mucho al ataque y además tenía mucho remate de larga distancia. El zurdo jugador de la selección nacional, no es un natural defensa lateral, solo es un jugador acomodado en esa posición, él se siente mejor metros más cerca al área rival.

Por encima del estadio Miguel Grau del Callao transitaba una bandada de palomas, con dirección de tribuna oriente hacia occidente, en el campo Yotún recordó su juventud, donde jugaba de volante, pasó a campo contrario, controló el balón que le llegó de un rebote, desde unos 30 o 40 metros, aunque no sea bueno calculando distancias aproximo ello. Miró hacia el arco rival y remató con mucha potencia, pero no a tan alta distancia, el bote que le dio a Gallese en el área chica lo sepultó, aunque el balón impactó en el poste horizontal e ingresó al arco. Gol de Sporting Cristal, el único gol del partido, celebra Yotún con sus compañeros, las palomas ya se dispersaron y vuela cada una por su cuenta.

Cuando calentaban los equipos se observaban muchas caras serias en San Martin, un recogebola con evidente sobrepeso estaba al costado del arco sur, muy atento a los trabajos preparativos y dando la espalda al hermoso polideportivo que ha desarrollado la Municipalidad del Callao.

3:25 p.m y solo faltan cinco minutos para que comience el partido, según la hora programada.

Es un miércoles en donde la mayoría de gente trabaja y lo han programado de día como para evitar que asista más público. En el estadio solo se encuentran 2000 personas como máximo, eso calculo, aunque no soy bueno calculando. Un compañero me dice que capaz hayan menos, igual la deducción es que hay poquísima gente para observar al segundo del torneo, aunque más poca aún es la capacidad de las personas que programan el partido a esta hora un día miércoles.

El locutor vocifera por los parlantes las alineaciones, comienza a relatar en desorden, no por posiciones, capaz sea por los números aunque de eso no me percaté. De lo que si me di cuenta es que hasta los equipos los dijo en desorden, primero mencionaba a los jugadores del Sporting Cristal cuando la Universidad San Martín era el equipo local, aunque eso en cantidad de hinchas no se refleje.

En la tribuna norte estaba la mayor cantidad de hinchas, entre 800 y mil aproximo, ellos empezaron a saltar y a gritar el típico ‘sale el campeón’, cuando justo por el túnel que se ubica entre occidente y norte se asoma Cazulo, quien era el capitán en esta ocasión. Lobatón el capitán de siempre estaba suspendido, cinco rectángulos verticales de color amarillo le habían mostrado en el torneo.

Los jugadores del cuadro celeste se ubicaron en el campo, todos ordenados en sus posiciones, a la espera del rival. Algunos mirando hacia el túnel ubicado entre sur y occidente, como a la espera del enemigo a cazar. Todos calentaban en sus sitios, sin perder el orden, un orden que me hace recordar a la película 300 cuando los espartanos esperan a sus rivales para la guerra. Esto no era una guerra, era un partido de fútbol y Cristal tenía que ganarlo, consiguiéndolo se ponía un punto del puntero Alianza Lima.

El ‘Extremo celeste’ también esperaba el inicio del partido y ya era 3:28 p.m. Ellos empezaron a mencionar uno por uno a los jugadores de su club, distinguiéndolos con un canto diferente.

Apareció iniciando el ingreso del conjunto blanco al campo, el capitán Josepmir Ballón, el último que ingresó al campo fue la querida mascota llamada ‘la muela’. Más allá de donde estaba ubicado me avisan que el partido de reservas había quedado 1 a 1. ‘La muela’ estaba en el césped y empieza a ejercitar las piernas como si fuera a ser parte del cotejo.

Julio César Uribe se dirigía hacia el banco de suplentes por la pista atlética, mirando el piso, como si no quisiera mirar hacia la tribuna. A su lado un hombre de un poco menos edad que él, que llevaba una casaca roja del equipo, pareciera que fuera un primo suyo o uno de esos amigos confidentes. El hombre observa la tribuna occidente, Uribe no, el hombre de la casaca roja pareciera que buscara a alguien, en su búsqueda encuentra a tres personas, cada vez que encontraba a una le avisaba a Julio César y este los saludaba con el afecto de un hermano, de un familiar o de un  amigo de muchos años. Uribe se sienta en el banco de suplentes, su acompañante también, el acompañante de rojo es Leonardo Morales, el asistente técnico de la San Martín, mejor dicho, de Uribe, tienen ya muchos años trabajando juntos.

El partido comenzó 3:32 p.m, ya había perdido de vista a ´la muela’ cuando observaba a Uribe. Iba dos minutos de juego y la mascota blanca, con la forma de esos dientes que no se ven, aterriza por la tribuna oriente saltando y esquivando algunas gradas, cuando llega a su destino sigue saltando, se aprecia que es más entusiasta que esas mascotas que colocan afuera de algunas pollerías.

El partido bordeaba los cinco minutos y Gallese le da un pase que le parece quedar muy corto a Carlos Ascues, parecía que Blanco lo complicaba pero salió con simpleza y personalidad, desdoblando y pasando por dos hombres rivales. Tal cual me habían contado que salía jugando Héctor Chumpitaz, aunque no lo vi jugar, por lo menos imagino ello. Uribe aplaude esta acción, lo felicita como si fuera el mejor jugador que tiene en su plantel, como si fuera el consentido.

Unos cinco minutos después pasa un avión por encima del estadio, la persona que está a mi lado me dice que imagine qué pasaría si cayera este transporte en el recinto, prefiero no imaginarlo. En ese instante, Daniel Ahmed da pasos hacia adelante y hacia atrás, luego cruza los brazos, sus dirigidos no generan ocasiones y por eso está inquieto, y seguramente algo ansioso.

El cuadro albo no concreta muchos pases seguidos, Uribe se da cuenta y les grita a sus jugadores, como acostumbra reclamarles, les pide que sean más claros en el mediocampo, da indicaciones y los representa corporalmente, imita cómo y para qué sector se deben dar los pases. Les pide marcar a los volantes de la primera línea que son Hinostroza, Ballón y Ubierna. Al rato festeja a Carlos Fernández por haber cubierto el balón tan bien y haber ganado un tiro libre defensivo.

Renzo Revoredo iba a ejecutar un lateral y un recogebola se demora en darle el balón, el cuarto árbitro se acerca y le recrimina al joven que se encarga de entregar los balones y que llevaba puesta una gorra marrón volteada, le reclama de manera drástica y vocifera fuerte “a los dos les entregas la pelota igual”, y le hace un gesto amenazador de que si no lo hace correctamente se irá del campo.

El partido no llegaba a los 30 minutos  y Yotún remató con destino de arco, la pelota tras un bote dio en la parte superior del interior del arco. El partido ya estaba 1 a 0. Cristal ya ganaba y tenía que aumentar o conservar el marcador para colocarse a un punto del puntero.

Algunas personas ubicadas en occidente les piden a los jugadores de San Martín que despierten, aunque de manera más soez. Quizás eran los amigos o familiares de los jugadores. Quizás San Martín sí tiene hinchas.

Hubieron algunas ocasiones para que Cristal aumento el marcador, y otra vez Yotún. El zurdo colocó un tiro libre que parecía perfecto, pero ahora sí apareció Gallese y despejó hacia un lado. El impacto del balón en su guante sonó como un bofetón, uno de esos que las mujeres dan con ganas. Culminó la primera parte y los jugadores partieron raudamente hacia los túneles que los dirigen a los camerinos.
El juez principal Ramón Blanco, del quien no había escuchado su nombre antes dio inicio al segundo tiempo. La muela sigue saltando en la tribuna oriente, aunque menos que en el primer tiempo.

Carlos Ascues pasa al ataque por la banda derecha, ingresa al área tras sacarse de encima a algunos rivales, su familia lo alienta desde la tribuna. Una señora morena, que deduzco que es su madre, y que estaba sentada a cuatro gradas más arriba que mi ubicación le grita: “vamos Carlitos”. Ascues ingresó al área, alentado por el grito de su supuesta madre, cede el pase a Hinostroza, pero su centro no genera peligro en el arco de Diego Penny. La señora se toma la cabeza junto a las cuatro personas que estaban a su lado y que eran sin duda familia del jugador de la selección peruana.

Los dirigidos por Uribe se apresuran, los recogebolas también, como si le hubieran cambiado el chip. El conjunto universitario ya genera ocasiones de gol, Hinostroza remata y pasa cerca, por encima del arco. Santiago Silva tuvo otra ocasión, un mano a mano, definió bien y pasó por el costado del palo que da a la mano izquierda de Penny. Silva se lamenta, aunque no contaba con que el juez de línea ya había cobrado fuera de juego.

Ya iban 25 minutos del segundo tiempo, Montaño intenta entrar al área dribleando, al final decide por rematar y sus disparo pasa por encima del arco rimense. Ascues también tuvo otra, con dirección al arco, y el joven defensa de Cristal Luis Abram le quitó el grito de gol al goleador de Perú en la era Bengoechea.

Ya han pasado siete u ocho aviones desde que comenzó el partido. A Uribe se le nota molesto, pero ya no les reclama a sus jugadores, todo pasa porque la pelota no decide ingresar al arco. Casi 30 minutos, el locutor desordenado anuncia el ingreso de Pedro Aquino por Irven Ávila. Ávila trota hasta la línea blanca, nadie tiene que apurarlo. Ávila se dirige hacia el banco de suplentes. Ávila no le da la mano a Ahmed. Ahmed tampoco intentó dársela.

Por este partido, el capitán es Cazulo, muy respetado por sus compañeros, tan respetado que cuando se dirige hacia el balón todos le dejan el paso libre, para que dirija, decida y distribuya el equipo celeste.

El chico que tenía sobrepeso no era recogebola, era camillero. No tenía trabajo hasta que Calcaterra aparentaba estar lesionado, estuvo en la línea blanca esperando que el árbitro diera la orden pero la final no se le requirió. En la tribuna occidente lo burlaron, pero él demostró tener mucha correa.

Gallese subió al área contraria en la última jugada, para intentar darle el empate a su equipo. Era un tiro de esquina que ni siquiera tuvo de destino a un jugador de blanco. El rebote si le quedó al delantero cervecero Blanco y este iba en dirección para anotar el segundo, pero el balón se le quedó atrás. El árbitro pitó el final y Cristal se fue con el triunfo. Se puso a uno de Alianza y está a la espera del partido contra ellos que promete mucho. Todos deshabitaron el campo y las palomas que volaban por el cielo aterrizaron en el pasto verde, como si 22 hombres más unos jueces hubieran invadido su hogar de siempre. 



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