Crónica de la victoria del conjunto celeste sobre la Universidad San Martín.
Hace más de cinco años Juan Carlos
Oblitas hizo debutar a Yoshimar Yotún en Sporting Cristal, lo colocó en la
posición de lateral por izquierda. Poco a poco fue agarrando continuidad y a la
vez sumaba en la bolsa de minutos que recién se había implementado en el torneo
local. Sin embargo, Yotún cuando jugaba en las divisiones menores de diferentes
clubes, incluido Cristal, siempre fue volante por la izquierda, pasaba mucho al
ataque y además tenía mucho remate de larga distancia. El zurdo jugador de la
selección nacional, no es un natural defensa lateral, solo es un jugador
acomodado en esa posición, él se siente mejor metros más cerca al área rival.
Por
encima del estadio Miguel Grau del Callao transitaba una bandada de palomas,
con dirección de tribuna oriente hacia occidente, en el campo Yotún recordó su
juventud, donde jugaba de volante, pasó a campo contrario, controló el balón
que le llegó de un rebote, desde unos 30 o 40 metros, aunque no sea bueno
calculando distancias aproximo ello. Miró hacia el arco rival y remató con
mucha potencia, pero no a tan alta distancia, el bote que le dio a Gallese en
el área chica lo sepultó, aunque el balón impactó en el poste horizontal e
ingresó al arco. Gol de Sporting Cristal, el único gol del partido, celebra
Yotún con sus compañeros, las palomas ya se dispersaron y vuela cada una por su
cuenta.
Cuando
calentaban los equipos se observaban muchas caras serias en San Martin, un
recogebola con evidente sobrepeso estaba al costado del arco sur, muy atento a
los trabajos preparativos y dando la espalda al hermoso polideportivo que ha
desarrollado la Municipalidad del Callao.
3:25
p.m y solo faltan cinco minutos para que comience el partido, según la hora
programada.
Es
un miércoles en donde la mayoría de gente trabaja y lo han programado de día
como para evitar que asista más público. En el estadio solo se encuentran 2000
personas como máximo, eso calculo, aunque no soy bueno calculando. Un compañero
me dice que capaz hayan menos, igual la deducción es que hay poquísima gente
para observar al segundo del torneo, aunque más poca aún es la capacidad de las
personas que programan el partido a esta hora un día miércoles.
El
locutor vocifera por los parlantes las alineaciones, comienza a relatar en
desorden, no por posiciones, capaz sea por los números aunque de eso no me
percaté. De lo que si me di cuenta es que hasta los equipos los dijo en
desorden, primero mencionaba a los jugadores del Sporting Cristal cuando la
Universidad San Martín era el equipo local, aunque eso en cantidad de hinchas
no se refleje.
En
la tribuna norte estaba la mayor cantidad de hinchas, entre 800 y mil aproximo,
ellos empezaron a saltar y a gritar el típico ‘sale el campeón’, cuando justo
por el túnel que se ubica entre occidente y norte se asoma Cazulo, quien era el
capitán en esta ocasión. Lobatón el capitán de siempre estaba suspendido, cinco
rectángulos verticales de color amarillo le habían mostrado en el torneo.
Los
jugadores del cuadro celeste se ubicaron en el campo, todos ordenados en sus
posiciones, a la espera del rival. Algunos mirando hacia el túnel ubicado entre
sur y occidente, como a la espera del enemigo a cazar. Todos calentaban en sus
sitios, sin perder el orden, un orden que me hace recordar a la película 300
cuando los espartanos esperan a sus rivales para la guerra. Esto no era una
guerra, era un partido de fútbol y Cristal tenía que ganarlo, consiguiéndolo se
ponía un punto del puntero Alianza Lima.
El
‘Extremo celeste’ también esperaba el inicio del partido y ya era 3:28 p.m.
Ellos empezaron a mencionar uno por uno a los jugadores de su club,
distinguiéndolos con un canto diferente.
Apareció
iniciando el ingreso del conjunto blanco al campo, el capitán Josepmir Ballón,
el último que ingresó al campo fue la querida mascota llamada ‘la muela’. Más
allá de donde estaba ubicado me avisan que el partido de reservas había quedado
1 a 1. ‘La muela’ estaba en el césped y empieza a ejercitar las piernas como si
fuera a ser parte del cotejo.
Julio
César Uribe se dirigía hacia el banco de suplentes por la pista atlética,
mirando el piso, como si no quisiera mirar hacia la tribuna. A su lado un
hombre de un poco menos edad que él, que llevaba una casaca roja del equipo,
pareciera que fuera un primo suyo o uno de esos amigos confidentes. El hombre
observa la tribuna occidente, Uribe no, el hombre de la casaca roja pareciera
que buscara a alguien, en su búsqueda encuentra a tres personas, cada vez que
encontraba a una le avisaba a Julio César y este los saludaba con el afecto de
un hermano, de un familiar o de un amigo
de muchos años. Uribe se sienta en el banco de suplentes, su acompañante
también, el acompañante de rojo es Leonardo Morales, el asistente técnico de la
San Martín, mejor dicho, de Uribe, tienen ya muchos años trabajando juntos.
El
partido comenzó 3:32 p.m, ya había perdido de vista a ´la muela’ cuando
observaba a Uribe. Iba dos minutos de juego y la mascota blanca, con la forma
de esos dientes que no se ven, aterriza por la tribuna oriente saltando y
esquivando algunas gradas, cuando llega a su destino sigue saltando, se aprecia
que es más entusiasta que esas mascotas que colocan afuera de algunas
pollerías.
El
partido bordeaba los cinco minutos y Gallese le da un pase que le parece quedar
muy corto a Carlos Ascues, parecía que Blanco lo complicaba pero salió con
simpleza y personalidad, desdoblando y pasando por dos hombres rivales. Tal
cual me habían contado que salía jugando Héctor Chumpitaz, aunque no lo vi
jugar, por lo menos imagino ello. Uribe aplaude esta acción, lo felicita como
si fuera el mejor jugador que tiene en su plantel, como si fuera el consentido.
Unos
cinco minutos después pasa un avión por encima del estadio, la persona que está
a mi lado me dice que imagine qué pasaría si cayera este transporte en el
recinto, prefiero no imaginarlo. En ese instante, Daniel Ahmed da pasos hacia
adelante y hacia atrás, luego cruza los brazos, sus dirigidos no generan
ocasiones y por eso está inquieto, y seguramente algo ansioso.
El
cuadro albo no concreta muchos pases seguidos, Uribe se da cuenta y les grita a
sus jugadores, como acostumbra reclamarles, les pide que sean más claros en el
mediocampo, da indicaciones y los representa corporalmente, imita cómo y para
qué sector se deben dar los pases. Les pide marcar a los volantes de la primera
línea que son Hinostroza, Ballón y Ubierna. Al rato festeja a Carlos Fernández
por haber cubierto el balón tan bien y haber ganado un tiro libre defensivo.
Renzo
Revoredo iba a ejecutar un lateral y un recogebola se demora en darle el balón,
el cuarto árbitro se acerca y le recrimina al joven que se encarga de entregar
los balones y que llevaba puesta una gorra marrón volteada, le reclama de
manera drástica y vocifera fuerte “a los dos les entregas la pelota igual”, y
le hace un gesto amenazador de que si no lo hace correctamente se irá del
campo.
El
partido no llegaba a los 30 minutos y
Yotún remató con destino de arco, la pelota tras un bote dio en la parte
superior del interior del arco. El partido ya estaba 1 a 0. Cristal ya ganaba y
tenía que aumentar o conservar el marcador para colocarse a un punto del
puntero.
Algunas
personas ubicadas en occidente les piden a los jugadores de San Martín que
despierten, aunque de manera más soez. Quizás eran los amigos o familiares de
los jugadores. Quizás San Martín sí tiene hinchas.
Hubieron
algunas ocasiones para que Cristal aumento el marcador, y otra vez Yotún. El
zurdo colocó un tiro libre que parecía perfecto, pero ahora sí apareció Gallese
y despejó hacia un lado. El impacto del balón en su guante sonó como un
bofetón, uno de esos que las mujeres dan con ganas. Culminó la primera parte y
los jugadores partieron raudamente hacia los túneles que los dirigen a los
camerinos.
El
juez principal Ramón Blanco, del quien no había escuchado su nombre antes dio
inicio al segundo tiempo. La muela sigue saltando en la tribuna oriente, aunque
menos que en el primer tiempo.
Carlos
Ascues pasa al ataque por la banda derecha, ingresa al área tras sacarse de
encima a algunos rivales, su familia lo alienta desde la tribuna. Una señora
morena, que deduzco que es su madre, y que estaba sentada a cuatro gradas más
arriba que mi ubicación le grita: “vamos Carlitos”. Ascues ingresó al área,
alentado por el grito de su supuesta madre, cede el pase a Hinostroza, pero su
centro no genera peligro en el arco de Diego Penny. La señora se toma la cabeza
junto a las cuatro personas que estaban a su lado y que eran sin duda familia
del jugador de la selección peruana.
Los
dirigidos por Uribe se apresuran, los recogebolas también, como si le hubieran
cambiado el chip. El conjunto universitario ya genera ocasiones de gol,
Hinostroza remata y pasa cerca, por encima del arco. Santiago Silva tuvo otra
ocasión, un mano a mano, definió bien y pasó por el costado del palo que da a
la mano izquierda de Penny. Silva se lamenta, aunque no contaba con que el juez
de línea ya había cobrado fuera de juego.
Ya
iban 25 minutos del segundo tiempo, Montaño intenta entrar al área dribleando,
al final decide por rematar y sus disparo pasa por encima del arco rimense.
Ascues también tuvo otra, con dirección al arco, y el joven defensa de Cristal
Luis Abram le quitó el grito de gol al goleador de Perú en la era Bengoechea.
Ya
han pasado siete u ocho aviones desde que comenzó el partido. A Uribe se le
nota molesto, pero ya no les reclama a sus jugadores, todo pasa porque la
pelota no decide ingresar al arco. Casi 30 minutos, el locutor desordenado
anuncia el ingreso de Pedro Aquino por Irven Ávila. Ávila trota hasta la línea
blanca, nadie tiene que apurarlo. Ávila se dirige hacia el banco de suplentes.
Ávila no le da la mano a Ahmed. Ahmed tampoco intentó dársela.
Por
este partido, el capitán es Cazulo, muy respetado por sus compañeros, tan
respetado que cuando se dirige hacia el balón todos le dejan el paso libre,
para que dirija, decida y distribuya el equipo celeste.
El
chico que tenía sobrepeso no era recogebola, era camillero. No tenía trabajo
hasta que Calcaterra aparentaba estar lesionado, estuvo en la línea blanca
esperando que el árbitro diera la orden pero la final no se le requirió. En la
tribuna occidente lo burlaron, pero él demostró tener mucha correa.
Gallese
subió al área contraria en la última jugada, para intentar darle el empate a su
equipo. Era un tiro de esquina que ni siquiera tuvo de destino a un jugador de
blanco. El rebote si le quedó al delantero cervecero Blanco y este iba en
dirección para anotar el segundo, pero el balón se le quedó atrás. El árbitro
pitó el final y Cristal se fue con el triunfo. Se puso a uno de Alianza y está
a la espera del partido contra ellos que promete mucho. Todos deshabitaron el
campo y las palomas que volaban por el cielo aterrizaron en el pasto verde,
como si 22 hombres más unos jueces hubieran invadido su hogar de siempre.